El psicópata de mi jefe
El triunfo de las personas con desórdenes mentales
11-dic-2009
Jesús Hidalgo Bravo
Son personas que, en apariencia, tienen un comportamiento normal, pasan desapercibidos y ellos lo saben. Según los cálculos de la Organización Mundial de la Salud, el 2% de la población padece un transtorno mental compatible con la psicopatía.
Según esta cifra, en España el número de psicópatas llegaría hasta un millón personas. El problema es que la Justicia sólo tiene controlados a unos 10.000, los que han cometido algún tipo de delito y han sido atrapados. Los 990.000 restantes viven perfectamente integrados en la sociedad.
El psicópata no tiene por qué llegar a matar o herir a nadie. De hecho, nos los cruzamos a diario en el supermercado, trabajan entre nosotros, son nuestros empleados y, lo que es peor, a veces también son nuestros jefes.
Necesidades especiales
No todos los psicópatas son delincuentes o asesinos. Más bien éstos son los menos. “Estas personas tienen lo que nosotros llamamos unas «necesidades especiales». Si su necesidad especial es sólo de poder (políticos o empresarios por ejemplo) y ésto lo consiguen por medios más o menos socialmente aceptados, no delinquen. Ahora bien, si su necesidad incluye el homicidio, si su placer es matar humanos, tenemos al asesino”, afirma Hugo Marietán psiquiatra y profesor de la Universidad de Buenos Aires.
Aunque no lleguen a asesinar, ni siquiera a delinquir, la personalidad psicopática va dejando a su alrededor un rastro de personas atormentadas y traumatizadas ya que carecen de empatía y no tienen problemas a la hora de pasar por encima de quien sea para conseguir su objetivo.
“La gran mayoría de ellos hacen sufrir a sus allegados o subordinados. Los humillan, los manipulan, realizan sus negocios sin el menor miramiento de las consecuencias sobre los demás. Suben en la empresa o en la política pisando las cabezas de sus oponentes,” añade el profesor Marietán.
El psicópata lleva a cabo “sabiamente” su verdadero oficio, que no es otro que el de la la manipulación. Cumple su papel sin salirse un ápice del guión: se torna aun más perverso cuando llega a la cima de su entorno laboral. Entonces se vuelve un sujeto más calculador, planificador, frío y que no se ata a ningún tipo vínculo afectivo.
Cerebro diferente
¿Por qué unas personas en apariencia normales pueden llegar a comportarse con una total falta de sentimientos? Esta es la gran pregunta que se hacen psicólogos, psiquiatras y neurocientíficos. La respuesta a esta cuestión se está buscando tanto en el entorno en el que crecieron como dentro del propio cerebro.
Científicos del Kings Collegue de Londres publicaron en 2008 un estudio que muestra que el cerebro de los psicópatas es biológicamente diferente al del resto de las personas. La investigación concluye que los psicópatas no activan ciertas áreas cerebrales cuando se les estimula mediante imágenes que la mayoría de las personas odian o repugnan.
Del estudio se deduce que el psicópata no conoce el miedo. “Si los individuos con psicopatías no pueden procesar el miedo y esto se refleja en la actividad cerebral, como sugiere el estudio, esto nos permitirá entender sus deficiencias cognitivas” afirma la Doctora Nicola Gray de la Escuela de Psicología de la Universidad de Cardiff.
Esta falta de capacidad para procesar el miedo está relacionada con una característica de sobra conocida de la mente del psicópata: la falta de empatía; son incapaces de ponerse en el lugar del otro.
Megalómanos
El psicólogo Robert Hare, profesor de la Universidad British Columbia, dice que es como intentar explicarle los colores a un daltónico.
Hare lo explica mediante un ejemplo. En EE.UU había un hombre sospechoso de haber matado a ocho mujeres. Sólo confesó tres asesinatos. Para que admitiera el resto, los policías recurrían a su sentido de la compasión y a su conciencia.
Sólo cuando los inspectores le dijeron que un hombre de otro estado había cometido muchos más asesinatos que él, confesó el resto de los homicidios. Apelaron a su sentido de la vanidad, a su megalomanía: otra característica de las personalidades psicopáticas. Y esta, es una característica que no sólo es propia de los psicópatas asesinos, sino también los psicópatas “sociales”, aquellos que, por ejemplo, en la empresa le hacen imposible la vida a los compañeros.
Serpientes con traje
Hay determinados ambientes donde el psicópata se mueve como pez en el agua. En el mundo de los negocios o en la política encuentra todo un campo de posibilidades. En su libro Serpientes con traje: cuando los psicópatas van a trabajar Robert Hare habla de aquellos que no están en la cárcel, sino en la empresa o en el equipo de gestión.
“Allí donde hay dinero, habrá un psicópata bien vestido e inteligente, y lo hará muy bien para conseguirlo” afirma en el libro. Alguien con grandes dotes para la manipulación, inteligente y sin ningún problema en tergiversar los hechos puede subir muy deprisa en el esquema de una gran empresa. Y la descripción de ese alguien se ajusta como anillo al dedo a la de un psicópata.
“En la medida en la que el medio social incluya creencias y valores que contribuyan al desarrollo de comportamientos insolidarios y egocéntricos, la psicopatía se extenderá y afectará cada vez a más sujetos”, sentencia Vicente Garrido, psicólogo criminalista y uno de los mayores expertos españoles en el asunto. “Muchos políticos a lo largo de la historia podrían tener un claro diagnóstico de psicopatía,” añade.
Tiburón de los negocios
Y para apoyar esta tesis un dato: dos científicas de la Universidad de Surrey (Reino Unido), Belinda Board y Katarina Fritzon descubrieron que al menos tres de once desórdenes de personalidad son comunes entre ejecutivos de éxito y en criminales psicópatas. Y es que la expresión “tiburón de los negocios” parece ser algo más que una frase hecha.
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